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lunes, 2 de julio de 2018

Cartas de Fabio Pabon Portilla

La cita mundial deportiva por antonomasia, es decir, por excelencia, el mundial de fútbol se encuentra en la etapa de máximo apogeo de belleza técnica. En verdad, lo es desde el mismo día del partido inaugural entre Rusia, país anfitrión, y Arabia Saudita porque ese día empezó la etapa culminante de cuatro años de preparación y de eliminatorias en todo el orbe. Debemos saber que apenas culmine éste certamen en Rusia comenzará la fase eliminatoria para el próximo mundial con cita en Qatar. Todas las federaciones de ponen en marcha en sus partidos validos para Qatar con  calendarios elaborados de forma previa. Por ejemplo, los primeros partidos de eliminatoria mundialista tendrán inicio el próximo mes de Agosto en confederaciones como Oceanía y Concacaf en el marco insular de la Polinesia y las Antillas que son dos inmensos archipiélagos inscritos en la FIFA. Así es el fútbol, por eso es el certamen deportivo por excelencia, solo que hoy en Rusia ya se encuentra en su ronda culminante y esa es la razón por la cual el mundo está convertido en un balón de fútbol y no hay tema que lo supere. Hasta ahora se han presentado partidos para todos los gustos y todos los colores, ninguno tiene el calificativo de aburrido, todos, sin excepción,  tuvieron su valor, incluidos aquellos, donde solo se jugó el honor de alcanzar un gol porque las posibilidades matemáticas de cruzar la ronda ya no contaban. Todos los equipos cumplieron a la altura de las exigencias y otros siguen en la lucha deportiva y con toda seguridad veremos grandes cotejos hasta alcanzar la final del torneo. Nosotros en esta columna seguimos calificando el partido España-Portugal como el mejor  a lo largo del calendario y cuando ya entramos en la fase de octavos de final, ninguno alcanza los niveles de atracción  futbolera, pasión y goles de ese encuentro, además fue uno de los primeros choques y quedó en condición referente como encuentro especial que aportó buenas maneras para divertir al mundo jugando al fútbol. Dentro de los hechos sobresalientes e inesperados estuvo la eliminación de Alemania en la primera ronda. Nadie lo pudo creer en su momento pero Alemania se despidió en medio de un desorden táctico desconocido para la filosofía del fútbol alemán y su significación para su propio país y para el mundo en su condición de Campeón vigente y organización a futuro. El triunfo de Alemania en Brasil 2014, el cual fue considerado como la plenitud, el esplendor y glorificación de un proceso nacional alemán que marcaría una hegemonía de poder futbolístico para muchos años. Un proceso nacional unificado en capacidades y valores difícil de igualar o emular y donde se incluía el  talento individual como virtud al servicio del colectivo. Como firma del documento hegemónico a futuro quedaron la  goleada a Brasil (7-1) y el triunfo final sobre Argentina en las propias tierras y estadios suramericanos. En verdad el universo del fútbol se preparó de manera silente para observar el poder en plena madurez del balompié selectivo alemán en Rusia 2018.



TEUTONES A LA DERIVA..
El cuadro germánico sorprendió a propios y extraños pero en contravía. Debemos confesar que la expectativa de observar las nuevas e innovadoras formulaciones futbolísticas de Alemania se tomó la óptica del mundo entero. Su rival inicial fue México, un conjunto lleno de contradicciones en sí mismo, pesimista, ambiguo y luchador. Alemania favorito y muy favorito, sin desestimar a su rival a pesar de todo. Alemania planteó su mejor partido pero México lo hizo mejor, Alemania expuso peso específico sobre la cancha pero México lo hizo mejor, Alemania reformuló su esquema dentro del trámite del encuentro pero México lo hizo mejor, Alemania expuso sus mejores individualidades pero México lo hizo mejor. Alemania desde su poder no puedo asimilar la verdad de verse superado por México cuando los cálculos científicos, técnicos y futbolísticos indicaban  que no había espacio para ser superado. México le marcó un gol al mejor arquero del mundo y Alemania se sintió vulnerado en su amor propio. De allí en adelante Alemania ascendió, sólo y por su propia cuenta, “al potro de los martirios”. La enorme diferencia radicó en que México saltó a la cancha a jugar al fútbol y Alemania saltó a la cancha a ejercer el poder de jugar al fútbol y al final se impuso la propia naturaleza del fútbol que es jugar y divertirse. Alemania perdió ese partido y siguió montado en “el potro de los martirios” hasta encontrar la  respuesta de su agonía en el último segundo del tiempo añadido del juego frente a Suecia, cuando un soberbio golazo de Cross     los dejó con estertores de muerte frente a los simpáticos coreanos en su tercero y último partido. Aquí yace por estos momentos, no sabemos en los próximos, el último campeón del mundo. Puede ser el epitafio de esta presentación de Alemania que en el partido tercero de su dramático periplo nos regaló una exhibición de cómo el poder sucumbe ante el entusiasmo. Cuesta mucho creerlo, pero Alemania terminó como protagonista de su propia “caimanera” de cualquier barrio de Berlín con su ilustre arquero Neuar lejos de su marco, jugando como lateral izquierdo en campo coreano, después como centro delantero mientras los entusiastas coreanos marcaban goles en la piñata alemana. Todo será revisado y todo será evaluado. El capítulo de Alemania quedo cerrado. 

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