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domingo, 10 de junio de 2018

Cartas de Fabio Pabon Portilla, Mundial Rusia 2018

Hace más de 300 años, cuenta la historia, los marineros de la flota de su majestad inglesa que ya surcaba los mares infinitos y todavía los surca, llegaron a los puertos de Inglaterra con un cuento chino que nadie les creyó, tal como suele suceder con los cuentos chinos, donde nadie cree pero todos escuchan con atención el misterio chino y mucho más éste cuento que tenía 2000 años de existencia. Afirmaban los marineros, incluido el flemático almirantazgo, que en la capital de China, Pekín en su primera pronunciación sonora, los monjes de la ciudad prohibida se recreaban con un juego de mucho roce y mucho choque en la disputa de una pelota de cuero. La particularidad del juego consistía en que estaba prohibido utilizar las manos para controlar la pelota y quien las utilizara era castigado de forma severa. La verdad, decían los marineros, es la única regla y no está escrita es tácita. Además los jugadores se dividen en dos bandos y no tiene número determinado de participantes en cada bando. El gran premio de la contienda se basaba en meter la pelota de patadón por el medio de dos palos verticales separado tres metros entre si y ubicados en dos extremos convencionales de la cancha sin fin. Y aunque los monjes eunucos tenían prioridad en el juego recreativo, su feminidad no tenía nada que ver con la terrible violencia del juego. Los ingleses grandes aficionados a los juegos bélicos tomaron esta modalidad china y la practicaron de formas tan rudimentaria y violenta en las calles de los puertos que las autoridades prohibieron sus exhibiciones. Fue imposible y demasiado tarde. Ya pueblos y comarcas se enfrentaban a muerte por la disputa de una pelota de cuero con un sentido militar de bandos y disposiciones tácticas de control y manejo. Nadie pudo entender esa pasión inglesa por un juego de la lejana China. Sin darse cuenta y por andar en intrigas palaciegas y chismes cortesanos las autoridades del reino no se dieron cuenta a qué hora el juego chino se convirtió en una calamidad pública por su vehemencia y su violencia. No hubo manera de prohibir su práctica, toda autoridad fue sobrepasada y capitularon cuando se enteraron que ingleses y escoceses ya tenían duelos nacionales que se dirimían en interminables partidos al estilo chino. La fórmula mágica surgió del sentido común: El juego había que reglamentarlo para que no se siguieran matando en las calles de las aldeas. El juego chino de las patadas, tal como se le conocía por aquellos años, pasó a llamarse “foot ball” en lengua inglesa sajona y con el tiempo y el reglamento cada vez con mayores reformas, dejaron atrás la presencia desordenada de “la chusma” y se hizo elite exclusiva de los señoritos de los colegios londinenses. Ahora bien, esa confrontación de violencia contenida o no, sigue latente en todos los escenario del mundo y se requiere de fuerza pública para contener los desmanes de algunos sectores de las tribunas en los estadios de cualquier ciudad. Igual que hace más de 2000 años cuando el proto-fútbol Chino apareció de pronto en la Ciudad Prohibida. El fútbol siempre fue un acontecimiento cotidiano y sigue siéndolo. Nadie se puede sustraer a su encanto, incluso al seudo-encanto de los goles con la mano que en tiempos remotos de los eunucos al autor le hubiesen decapitado. Así comenzó todo hace apenas algo más de 2000 años.

EL ACONTECIMIENTO.

Sucede y acontece que el mundo entero hoy está engalanado con el acaecimiento de Rusia 2018 y ya nadie quiere tocar otro tema que no sea el fútbol en cualquiera de sus manifestaciones, es decir, como aficionado o como no aficionado pero sin ninguna posibilidad de permanecer al margen de las filigranas comunicacionales en relación directa con el fútbol. El mundo en reposo activo, el mundo inquieto, el mundo movilizado, el mundo vestido de colores, los hogares del planeta tierra mirando el acontecimiento del rodar de una pelota que nadie puede tocar con la mano para dominarla y mucho menos para marcar un gol, claro, la excepción es el arquero que la puede manipular como quiera con pies y con manos pero, eso sí, en una zona limitada. El arquero fue un invento de los ingleses ante la obvia desventaja de quien debía cuidar la meta final del goal y donde varios arqueros de aquellos tiempos dejaron su esqueleto triturado en la línea. El palo horizontal del arco fue un reclamo justo de los arqueros. El horizontal les achicó el espacio a los carniceros “fowar”(así le decían al centro delantero de esos tiempos).Claro que es bueno señalar que al comienzo no fue un horizontal de madera, fue una especie de hilo grueso que terminó de desesperar a los arqueros. Hoy es un aliado de los arqueros en los remates furiosos que se estrellan contra el travesaño. Rusia nos llega con la tecnología de punta al servicio de la acción. Ya casi no queda margen para la equivocación y las falta de apreciación, aun así el fútbol es inspiración, es creación, es inventiva y allí, en ese sitio del espíritu, allí en ese vórtice de la creación, no hay tecnología que valga, es genialidad y talento en estado puro con vertido en gol o en primorosa jugada o delicado adorno de taco y gambeta. LA COPA DEL MUNDO un sueño del francés Jules Rimet, quien maravillado y pasmado al ver jugar a los campeones olímpicos, los uruguayos suramericanos de 1928 que en vez de caerle a patadas a la pelota…la acariciaban y eran capaces de marcar goles de espaldas al marco contrario con el cuerpo sostenido en elevación. El fútbol es un acontecimiento que el mundo y su gente merece ver por siempre y para siempre, Jules Rimet.


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